Fisterra: el fin del mundo sabe bien

Fisterra: el fin del mundo sabe bien

Bienvenidos/as a la tercera y última entrega del Camino de Santiago que empezó en Santiago por razones cósmicas y emocionales. Este relato se quedó en el precioso pueblo de Cee, última parada antes de llegar a Fisterra.

DE CEE A FISTERRA

Todo lo que os puedo contar de los 14 km que separan a Cee de Fisterra son lugares y vistas difíciles de transmitir.

Con una extraña paz interior a pesar de todo y la ilusión de estar cada vez más cerca, comenzamos a caminar.

Desde Cee se podía ver la villa de enfrente, Corcubión, y cuando sin darnos cuenta pisamos Corcubión, ahí en frente estaba lo que había sido nuestra casa el día anterior.

En esta travesía los pueblos tienen entidad propia, las calles hablan y te abrazan, la piedra no es fría, está llena de carácter gallego. El silencio y la tranquilidad son totalmente inocentes y plenos de bienestar, de la satisfacción de poder bailar a un ritmo fácil de seguir.

Menos las cuestas, esas no tienen nada de amable. Pero estábamos en la última etapa y la motivación era tanta que ya ni resoplábamos al ver una pendiente sin fin. Y por lo que vimos, esto de la adrenalina no nos pasa sólo a nosotros:

En este último tramo todo te pide que vayas más despacio, sabes que llegarás y eso te da el privilegio de descalzarte para pisar la arena en las pequeñas playas de los pueblitos. De frente el mar, atrás la montaña.

La noche anterior llegó la confirmación de que era hora de caminar diferente, el momento de decidir dónde, cuándo, cuánto y cómo parar a respirar, porque se nos olvida respetarnos de tanto querer complacer a los demás. Sabed que eso está mal, pero nunca es tarde para remediarlo.

Creo que una de las cosas que mejor recuerdo de este día es cómo de la nada apareció la Cala del Talón bajo nuestros pies, y como nada es gratis en la vida disfrutarla tenía un pequeño precio: si bajabas, luego tenías que subir. Pero es imposible ver esto, escuchar el mar y querer pasar de largo.

Cala del Talón

El agua estaba congelada, pero como eso no parecía detener a la pareja de alemanes nudistas que tenía a mi lado, decidí zambullirme con mucho esfuerzo.

Retomamos el camino, y casi llegando a Fisterra se me dio por pensar que no habíamos logrado hacernos con una concha que colgara de nuestras mochilas. De repente nos topamos con un pequeño puesto lleno de conchas y piedras pintadas de todos colores. No había nadie, sólo un cartel pidiendo la voluntad y una original hucha donde meter el dinero. Escogimos dos grandes conchas blancas con un cordón negro, dejamos nuestro agradecimiento y seguimos caminando.

¡LLEGAMOS A FISTERRA!

Era mediodía y sólo queríamos hacer dos cosas: comer (devorar) y dormir (entrar en coma). Y aquí vino una de las mejores experiencias del camino: Etel&Pan.

Etel&Pan es auténtico amor por los sabores y los pequeños detalles. En una tiendita en la que sólo caben los patés, las mermeladas, las cervezas artesanales, la cocina y el mostrador, nos atendió Etel, quien no reparaba en explicar cada uno de los alimentos por los que preguntábamos, y por los que no también.

Etel te cuenta la historia de cada producto como un pintor te explica su cuadro, contagiándote su interés y su cariño por las cosas que le rodean. Ya totalmente enamorados de él y de su negocio, nos sentamos en unas mesitas colocadas en la estrecha calle para engullir la increíble hamburguesa de carne ecológica, con un pan de morir y queso gallego derretido, con mermelada de frutos rojos y una cerveza artesanal. Jamás imaginé que el fin del mundo dejara tan buen sabor de boca.

etelpan-2

Parecía que ya nada podía superar ese día, pero aún quedaba subir al Faro para ver el sol ponerse.

Una vez que el sol se esconde, es el momento de deshacerte de las cosas que te han acompañado durante la aventura en una hoguera.

Yo no quería hacer desaparecer mis botas ni mis camisetas. Y la única manera que conozco de materializar lo intangible es escribiéndolo. Así que mis pensamientos hechos tinta y papel fueron a parar al fuego.

Tuve que llorar cuando nadie miraba, porque me sentía libre y pequeña frente a un océano que chocaba con el cielo de lo inmenso que se veía desde ahí. Soy más libre que nunca y eso me abruma.

Este viaje fue como un relato de ficción desde el principio, las casualidades no han dejado de aparecer una y otra vez, y el desenlace no podía ser de otra manera: donde acaba el mundo, empezó algo nuevo. Parte de ese renacer es este proyecto, Puentes en el Aire se ha convertido en el rincón donde liberar una parte de mí que no sale de ninguna otra manera.

Aquí me siento cómoda siendo cursi, enrevesada, paranoica, exagerada, expresiva, profunda. Ahora sólo queda seguir caminando hacia el fucking end of the world.

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Caótica organizada con ganas de inestabilidad territorial. Me gustan las palomitas.

12 Comentarios a “Fisterra: el fin del mundo sabe bien”

  • etel

    Escrito el 19 enero, 2016

    Jo! qué ilusión leer este artículo. Muchas gracias por las bonitas palabras sobre nuestro pequeño local etel&pan!

    Responder
    • Valentina Riveiro

      Escrito el 19 enero, 2016

      ¿Si? ¡Pues ya sabes dónde comer! Estoy segura de que te va a encantar, Fisterra tiene un nosequéyo que te deja feliz y en paz con el mundo, seguro que escribirás cosas muy chulas de este lugar!

      Un besazo!

      Responder
  • David

    Escrito el 19 enero, 2016

    Tengo pendiente el camino de Santiago. Algún año de ahorro, en el que no podamos irnos de viaje lejano…lo haremos. La verdad que con tus artículos se me está despertando la curiosidad de hacerlo pronto.

    Un beso!!

    Responder
    • Valentina Riveiro

      Escrito el 19 enero, 2016

      La verdad es que es un viaje muy pero que muy económico, nosotros gastamos poquísimo, más que dinero se necesitan días, pero merecerá la pena, y cuando lo terminéis hechos polvo, querréis repetir y no sabréis por qué jaja, un abrazo David!

      Responder
    • Valentina Riveiro

      Escrito el 19 enero, 2016

      ¡Tercera! Lo tuyo ya es otro nivel 😀 Nosotros estamos deseando repetir, mis tendones chillan cuando me oyen decirlo pero es así jajaja Si pasas por esta zona no te dejará indiferente 🙂

      Responder
  • Juan Suárez

    Escrito el 31 enero, 2016

    Soy de la Coruña y tengo mucha familia en Fisterra , he leído mil y un episodios de gente que de una manera o de otra nos a visitado , pero créeme que las tuyas me han conmovido más que ninguna , aún tengo la carne de gallina !!!
    Vuelve pronto gente como tú que vive esta experiencia son las que realmente hacen especial la última etapa de este camino.
    Gracias por vivirlo y saber disfrutarlo.
    Vuelve pronto.

    Responder
    • Valentina Riveiro

      Escrito el 31 enero, 2016

      No sé ni qué decir, gracias se queda corto porque me ha emocionado muchísimo leer tu comentario. No pensé que este texto fuera a conmover pero parece que dejé en él más de lo que escribí, y me hace muy feliz saberlo. Volveré seguro, para revivir lo contado y descubrir más del Camino y de Fisterra. Un abrazo enorme y gracias por pasarte por aquí, éstas son las cosas que me ayudan continuar dando vida a este blog.

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