Qué pasó en las Rocosas de Canadá

Qué pasó en las Rocosas de Canadá

Tras seis semanas de madrugones y actividad física sin parar llegó el gran momento, era hora de cumplir el primer objetivo de este viaje: las Montañas Rocosas de Canadá.

Sin darle ni un atisbo de tregua a nuestro lesionado y dolorido cuerpo, decidimos dejar la granja de cerezas tan sólo dos días después de terminar la temporada y echarnos a la carretera, porque en teoría un trabajo como housekeepers (mantenimiento de las habitaciones de un hotel) nos esperaba en Banff, centro neurálgico de los parques nacionales que componen esas inmensas montañas.

Tras haber intercambiado un puñado de mails con la gerente del hotel donde trabajaríamos, sólo sabíamos que teníamos que estar ahí el lunes para empezar a trabajar, y que a cambio de un pequeño descuento diario podríamos alojarnos en una casa.

Una casa. Con cama, ducha con agua caliente, enchufes, una cocina no superpoblada y hasta posiblemente un escritorio.

Motivación más que suficiente para arrastrar todo nuestro cansancio por las 5 horas de carretera que nos separaban del pueblito con el que personalmente venía soñando más de dos años. Un par de días más y nuestras articulaciones y estado emocional volverían a ser lo que eran.

Pero ay… Es que en Canadá nada es fácil, o más bien, casi nada sale a la primera

Llegamos un lunes por la mañana a Banff, y esto es lo que ven mis ojos: el decorado de una película. Eso es Banff, la artificialidad de una casa de muñecas convertida en un pueblo de mentira, donde todo es más caro aún si cabe que de donde veníamos, donde no hay vida porque ahí sólo hay dos clases de población: los turistas y los que trabajan para el turismo. Precioso, muy cuco, muy perfecto, demasiado perfecto.

Perdonad que insista, ¿habéis estado en el Parque Warner de Madrid? Eso es Banff.

Aparecimos en el hotel con el mejor aspecto que nos pudimos permitir para hablar con esta señora, la idea de una cama de verdad era la fuerza motriz de nuestras piernas en ese momento. Perdonad el dramatismo, me gustaría poder deciros que exagero para captar vuestra atención y ganar un Oscar, pero no, así estábamos.

Esta… Mujer nos pidió los papeles pertinentes antes de poder decir hola, desapareció, volvió y sin más dilación nos dijo: muy bien, nos vemos el jueves.

  • A las 9 aquí.
  • ….
  • Esperadme en recepción.
  • ….
  • Os enviaré un mail con toda la información.
  • ¡Nos vemos!
  • No no no no no, espera espera. ¿No empezamos hoy? Habíamos quedado en eso.
  • Oh… Lo siento, pero hasta el jueves no será posible.
  • Así que el jueves a las 9 aquí ¿vale?
  • Espera espera, ¿y el alojamiento?
  • Oh, eso lo lleva otra empresa, lo siento, no sé cuándo vais a poder entrar en la casa.

No me regodeo más en la escena surrealista que me caliento. Así fue, y quizás llegados a este punto estaréis pensando: y tras seis semanas trabajando como unos burros, ¿a qué se debe volver a buscar un trabajo en vez de iros a vivir la vida loca?

Pues porque a Alex y a mí nos encanta ser precavidos y exprimir todas las oportunidades al máximo, o dicho de otra forma, somos masoquistas sin disfrutarlo. Pensamos que vivir un mes en Banff podía ser una buena opción para explorar la zona con calma y sin fundir el dinero ganado, y visto así, ¿tiene sentido no? ¿No?

Tres días por delante y con el chip “no me pienso gastar un duro en alojamiento que para eso tengo mi casa rodante” nos esperaban con ansia y alevosía.

Sobra decir que nos planteamos abandonar la idea e irnos a recorrer los parques, pero sobre todo a mí especialmente, me encanta esperar, ver si todo mejora, si sólo ha sido un malentendido, no vamos a mandar todo al carajo por un desajuste ¿verdad?

Hagamos tiempo pues, vayamos a Calgary y así hacemos una compra grande de comida que será más barato que aquí.

Banff, era falso, pero es que Calgary daba miedo, MIE-DO. Siento destrozar esa imagen tan maravillosa que tenéis de Canadá, pero aquí también hay indigentes, problemas de droga y alcohol y personas con pocas oportunidades. Con deciros que allí fue el único sitio en el que vimos que los supermercados tenían guardia de seguridad, creo que no hay más que añadir.

Dormimos en una gasolinera a medio camino entre Calgary y Banff, en la cual el día anterior pedimos usar la ducha y nos dijeron: sí claro, 6$, cada uno. A la mañana siguiente lo intentamos con el otro turno poniendo cara de penita, y Canadá nos dio un respiro. La mejor ducha de mi vida.

Por hacer la historia larga corta: trabajamos dos días como housekeepers durmiendo en un camping de pago que había cerca. Al segundo día, nos llevaron a la empresa que gestionaba el alojamiento para que firmáramos el contrato y poder entrar a vivir.

Viendo que el hecho de limpiar habitaciones y baños no nos suponía ningún problema, Alex y yo ya íbamos con la idea de trabajar unos días más, reponer fuerzas (y las baterías de las cámaras y ordenadores) aprovechando la casa e irnos a disfrutar, que a eso habíamos venido. Pues mira, que no hizo falta esperar tanto, las condiciones del alojamiento eran dignas de un campamento: te cobramos esto al día, además tienes que dejar un depósito de tanto que si no rompes ni estropeas nada te lo devolvemos, no tenemos sábanas así que trae las tuyas o compra las que nosotros vendemos pero no te devolvemos el dinero, te las quedas, ah, y todos los jueves se inspecciona la limpieza de la casa y de tu habitación, sí, entraremos en tu habitación a ver si está todo ok.

Qué momento, qué miradas, no sé si Alex y yo nos habíamos entendido nunca tan bien sin hablar. Pero hablamos, hablamos entre nosotros y dijimos:

A la mierda, vámonos de aquí

Es curioso lo personal que pueden llegar a ser los viajes, mientras que nosotros logramos pillarle el punto y el gustito al cherry picking otros no cambiarían el housekeeping por nada, cosa que nosotros sí. Lo dicho, masoquismo.

Ahí empezó la aventura, aún con nuestro cansancio a cuestas decidimos empezar a recorrer lagos y montañas, en busca de esa naturaleza inmensa y salvaje que Google imágenes y Lonely Planet nos habían prometido tantas veces. Por fin tendría MI foto de Lake Louise, con el mismo encuadre y paisaje que todo el mundo y que cualquier postal, con la diferencia de que antes y después de grabar esa imagen en la tarjeta de mi cámara, también quedaría tatuada en mi retina…

lake-louise

… eso, y lo que habría detrás:

lake-louise-turistas

Un hotel, pavimento y decenas de turistas a codazo limpio. Sí, es el mismo lugar, con una diferencia de encuadre de tan solo 180º.

De frente, un inmaculado lago abrazado por dos montañas y coronado por un glaciar. El turquesa, el verde y el blanco se distribuyen para hacer la mejor combinación de colores que pueda existir y por un segundo, esa casual perfección de la Tierra te hace sentir aislada e impermeable a lo que sucede a tu alrededor, como si las nubes que llevas normalmente en el lóbulo occipital de tu cerebro se abrieran paso para dejar entrar la luz por primera vez en mucho tiempo, y lo mejor de todo es que ni siquiera sabías que estabas nublada.

Qué… Maravilla…

Y tras ese segundo vuelves a donde estás, haciendo el regreso tan duro como si hubieras caído literalmente sobre ese pavimento.

En general las Rocky Mountains cuentan con una infraestructura muy similar: hotelito y cemento, pero teniendo en cuenta que se trata del principal atractivo turístico tanto dentro como fuera de Canadá, quizás era de esperar que hicieran con sus montañas lo que en España se ha hecho con tantas playas.

¿Lo justifica? No.

¿Quiero que sea todo lo contrario? Pues tampoco, que estos lugares sean accesibles nos permiten llegar y disfrutar de sitios que de otra manera sólo conoceríamos por las fotos sacadas por unos pocos.

¿Entonces qué quieres? Infraestructuras más integradas y menos agresivas con la naturaleza… ¿quizás?

No me malinterpretéis, que no todo es malo… Viajar es así, una de cal y una de arena (nunca mejor dicho). Por eso, sería injusto decir que de estos limones no salió limonada.

En Banff estrechamos lazos con una pareja de artistas que conocimos en la granja, nos llevaron a hacer una ruta no oficial cerca del Lago Moraine que culminó en un lugar mágico, motivo por el que acabé tatuandome a estos gigantes de piedra vestidos de nieve.

Seguimos nuestro recorrido hacia el norte haciendo parada en Jasper, típico pueblo de montaña que se acercaba mucho más a lo que veníamos buscando. En este lugar sí había gente de a pie, auténtica vida.

Si Banff era de color turquesa Jasper era esmeralda, e incluso dorado cuando el cielo se abría y los rayos del sol caían sobre las rocas.

Pero si hubo algo que nos iluminó la cara hasta hacernos parecer niños de cuatro años en Navidad, fue ver animales: osos, caribús e incluso un alce nos dieron el toque de adrenalina e ilusión que completaba la experiencia canadiense.

Si de algo nos ha servido estar ahí además de cumplir un gran objetivo, es para cambiar ciertas cosas en próximos destinos con la intención de disfrutarlos más, como por ejemplo si estás hecha papilla y te lo puedes permitir, descansa antes de la gran aventura; busca rutas alternativas como hicimos en el Lago Moraine para explorar “el otro lado” y por supuesto, elimina las expectativas pero guarda la ilusión, una mente abierta y una imagen inesperada siempre sabrá mejor.

Tinta y Piedra

Viajando lento se respira mejor

Rastrear desde tu web.

Caótica organizada con ganas de inestabilidad territorial. Me gustan las palomitas.

5 Comentarios a “Qué pasó en las Rocosas de Canadá”

  • David

    Escrito el 1 noviembre, 2016

    Hay algo en vuestros relatos que me tienen sin pestañear de principio a fin. A veces las cosas no salen como uno quiere, gajes del oficio que dicen. Los paisajes me parecen espectaculares, aunque a veces decepciona llegar y que haya cientos como tú allí, pero como dices, quizás si no fuera tan accesible, muchos no llegariamos. Seguir disfrutando más que trabajando eh!! Besitos

    Responder
    • Valentina Riveiro

      Escrito el 2 noviembre, 2016

      ¡Gracias David! De hecho hoy estábamos pensando que prácticamente no hemos parado de trabajar desde que llegamos aquí, o por dinero o por alojamiento, así que ahí coincido contigo jaja.
      Supongo que nos esperan muchos más bajones como esos a lo largo del viaje, pero estoy segura de que no lo cambiaríamos por nada, ¡un abrazo enorme!

      Responder
  • Sara de Viajar Lo Cura Todo

    Escrito el 15 noviembre, 2016

    ¡Nunca había visto el otro lado del parque, cmo lo llamais vosotros, así que Gracias! Me encantan la sfotos del glaciar, seguro que al final le encontrásteis el punto salvaje! Y que ese tatuaje os siga llevando a más y más montañas fantásticas!

    Responder
    • Valentina Riveiro

      Escrito el 27 noviembre, 2016

      La mejor manera sin duda es adentrarse y hacer rutas por ahí, si no al final todo se queda en la postal. Digo yo que nos pasará más veces y habrá que buscarle el puntito a cada lugar, eso sí, no nos arrepentimos para nada 🙂 Gracias por pasarte por aquí, un abrazo!!!

      Responder

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