Experiencia House Sitting en Tepoztlán, Pueblo Mágico

Experiencia House Sitting en Tepoztlán, Pueblo Mágico

Tres noches en un pueblo mágico sin pagar alojamiento.

Así podría ser el titular de nuestro primer House Sitting en Tepoztlán, pero lo cierto es que no hay frase que pueda resumir la experiencia.

Los pueblos mágicos de México son aquellos lugares que de alguna forma se han resistido al paso del tiempo, tanto en su apariencia como en la vida de los que viven allí, y por ello conservan un trocito de la esencia y los orígenes de un país tan diverso como éste. A día de hoy hay 111 pueblos mágicos en todo México, algunos luchan más que otros por no dejarse llevar por esta imparable ola que es el turismo, siendo el visitante el que debe adaptarse a ellos, como debería ser ¿cierto?

En estos lugares lo cotidiano se convierte en magia. Lo que perdura llama la atención. Nos negamos al cambio hasta el punto de adorar la estabilidad y premiarla. No queremos que nada varíe pero sí aceptar lo bueno que trae lo inmutable.

Tepoztlán es piedra, en sus calles, en sus fachadas, en la montaña que se levanta como un telón. Tepoztlán es piedra y el tiempo es agua. Es comida de otros tiempos y bailes típicos los domingos. Una avenida cedió al extranjero y ahora huele a incienso, suena a Colombia, sabe a otros lugares. Pero en el resto de sus esquinas todo parece seguir igual. Arriba la pirámide y a pie las iglesias. Desde la terraza de la casa de L llega la música amortiguada del zócalo y los ¡bum! de no sabemos dónde ni por qué.

A las cinco de la mañana comienzan los gallos y los perros a hacerse notar, a las siete el sol ya puede calentar la espalda mientras desayunas en el patio-terraza, a las doce el olor a pan inunda la casa como agua en una piscina, a las dos se puede ir al mercado que queda a cinco minutos caminando y degustar comida prehispánica, a las tres y media pasear a las tres perritas de las que nos hacemos cargo, a la tarde escribir, o dormir, o visionar, o trabajar, o todo.

Llegamos a Tepoztlán después de una torpe semana en Ciudad de México: un rodaje atropellado, peleas con el consulado español para renovar el pasaporte, el primer desmayo de mi vida y encima en transporte público cargando con las cuatro mochilas, y la contaminación y la altura sobre el mar tirándonos abajo. NECESITÁBAMOS ir a un lugar donde todo se calma y lo básico queda a unos pasos. L, nuestra anfitriona, no lo sabe, pero su oferta no podría haber llegado en mejor momento.

Hacer House Sitting es algo más viejo que la tos: el dueño/a de una casa necesita que alguien cuide de su hogar y de sus mascotas mientras no está, y el cuidador puede quedarse allí viviendo para desempeñar mejor su tarea. Una vez más Internet ha institucionalizado una vieja práctica y ahora esto es una herramienta común entre los viajeros gracias a plataformas web que ponen en contacto a anfitriones y cuidadores.

La primera vez que oímos sobre este intercambio fue a través de Magalí Vidoz, escritora y viajera que ha hecho de esta opción su estilo de viaje, y lo cierto es que comprendemos perfectamente por qué:

  • Al hacer House Sitting, sobre todo si consigues estancias largas, profundizas en la forma de vida y costumbres del lugar en el que estás viviendo, además de ser un paréntesis para descansar.
  • Es probable que más de una vez acabes en lugares a los que no habrías llegado de otra forma.
  • Es una forma de tener un espacio y una independencia mientras viajas, ya que tienes toda una casa para ti en la que deshacer la mochila y establecer tu lugar de trabajo.
  • He puesto independencia en cursiva porque esto viene con una serie de responsabilidades, como lo es cuidar la casa como si fuera tuya y mejor aún, hacerte cargo de las mascotas.
  • ¡Vives con mascotas! Son lo más.

En nuestro caso la experiencia fue inmejorable, ya que la comunicación con L fue muy fluida en todo momento, nos dejó un documento con instrucciones y consejos y además las perritas eran puro amor. Maty se sentaba a tu lado siempre que tenía oportunidad, Cookie era más independiente pero también muy cariñosa y activa, y por último Luna era la menos cercana pero aún así se portaba genial. Estaban muy bien educadas y con llamarlas una vez para que vinieran o dejaran de ladrar era suficiente.

Quizás lo más estresante era el paseo diario. Sólo había que sacarlas una vez al día ya que la casa contaba con un patio y había que hacerlo por una ruta designada de la que no te podías salir. L nos contó el día que llegamos que en Tepoztlán era vista como la loca de los perros, ya que allí se ven a estos animales como una herramienta para proteger la casa y no como un ser vivo al que haya que cuidar y mimar. Por lo tanto, los perros de los vecinos solían ser muy agresivos y ella salía a pasear a las niñas con un bastón de montaña en caso de que tuviera que apartar a algún perro que se les acercara.

No tuvimos ningún incidente aunque sí fuimos con mucho cuidado y atentos a lo que pudiera pasar, y es que hacer House Sitting es en definitiva aceptar una gran responsabilidad por parte del cuidador. No cuento esto para desalentar a nadie, más bien porque creo que es importante tomar conciencia sobre a qué te comprometes cuando aceptas un intercambio así. Una mascota es parte de la familia y hay que cuidarla como tal.

Si bien fueron poquitos días, la escapada nos sirvió para sentirnos como en casa nuevamente y respirar la serenidad de un pequeño pueblo. Quizás lo más difícil cuando te inicias en este trabajo (no se me ocurre llamarlo de otra manera) es conseguir tu primera casa, ya que para los dueños/as no es tan sencillo dejar su hogar y sus amores en manos de alguien que no tiene experiencia ni referencias.

Por eso mismo lo primero que hicimos fue adquirir La Guía de House Sitting, donde Maga ha volcado toda su experiencia como housesitter durante cuatro años y comparte claves y consejos para que cualquier persona pueda comenzar este camino también. Nosotros estamos convencidos de que sin la guía no habríamos logrado nuestra primera estancia, ¿por qué?

La dueña de la casa nos aseguró que ella sólo admite a personas que tienen experiencia previa y reseñas, pero que en nuestro caso hizo una excepción porque tanto nuestro perfil como nuestra carta de presentación le dio la mejor de las sensaciones. Por eso decidió darnos la oportunidad, y gracias a eso, ya tenemos nuestra primera referencia que fue más que positiva por cierto. Si quieres probar, Maga junto con su pareja Exe, son los mejores sherpas que podrías tener.

Dicho esto, cabe decir que estamos deseando repetir y ojalá sea para una estancia más larga, ya que como os venimos contando tanto en el blog como en nuestro diario abierto, queremos utilizar este gran viaje como herramienta de inspiración y para ello necesitamos viajar muy lento y tener un espacio. Ya sabemos que no viajamos por viajar, sino para desarrollarnos, eso significa que nuestro proyecto necesita unas condiciones distintas a un viaje “normal”, no es mejor ni peor, simplemente es lo que buscamos.

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Caótica organizada con ganas de inestabilidad territorial. Me gustan las palomitas.

4 Comentarios a “Experiencia House Sitting en Tepoztlán, Pueblo Mágico”

  • Andrea Bergareche

    Escrito el 27 marzo, 2017

    Chicos! Me encanta la foto del final, me encanta! En realidad la mayor parte de vuestras fotos (y videos, que me pasé una tarde entera chutándomelos todos). La verdad que yo tengo un montón de ganas de probar Housesitting, a ver cuándo me pongo a ello. Por cierto, me dijo Manuel que os fuisteis juntos a Xochimilco a echar los pulques, espero que la pasarais bien y estuviera leve el estómago al día siguiente. Seguir disfrutando de México por mí!
    Un abrazote y hasta el próximo encuentro!

    Responder
    • Valentina Riveiro

      Escrito el 30 marzo, 2017

      ¡Muchas gracias Andrea! Creo que esa también es mi foto favorita, las niñas posaban mejor que nadie jaja.
      ¡Sí! Es muy buen guía y la noche acabó… Interesante, por decirlo de alguna forma. Al día siguiente estábamos bastante mejor de lo que esperábamos así que no podemos quejarnos, fue una experiencia brutal <3

      Un abrazote enorme y disfruta este finde en las JGV, ¡lo vas a petar!

      Responder
  • Bernardita Bielsa

    Escrito el 26 abril, 2017

    Si, es verdad que cuidar casas es tan viejo, como tener tos. En patagonia se llaman “caseros” y se buscan con temporada que van desde los 3 a los 6 meses. Por lo general son extranjeros que tienen un poco acá y un poco allá, donde todavía persiste la reunión y los vínculos familiares. Muy buenas tus fotos, y un encanto el relato!!!1

    Responder
    • Valentina Riveiro

      Escrito el 27 abril, 2017

      ¡Muchas gracias! De momento lo que hemos encontrado en México es como allá, gente extranjera que se va unas semanas o unos meses a visitar a la familia en su país de origen y dejan a los animalitos con viajeros como nosotros, la verdad es que estamos muy agradecidos de que cada vez haya más gente practicando housesitting, es una experiencia preciosa 🙂 Un abrazo y gracias por pasarte por aquí!

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